Erase una vez  en un lejano pais, en el que vivia la Reina de las plantas de Navidad, la Reina Poinsettia, las más bella de todas las plantas navideñas.  Un día llegó al reino un trobador, que venía de un país lejano, un país de plantas rosadas y dulces. La reina Poinsettia se enamoró locamente de aquel dulce trobador, se casaron y tuvieron unas  hermosas hijas a las que llamaron PRINCETTIAS, con hojas verde/oscuro como mamá y bracteas rosadas como papá. Colorín, colorado, este cuento aún no se ha acabado. 😉

El nombre científico de la Princettia es Euphorbia hibrida princettia,  y se les llama también comunmente “Estrella de Otoño”.  Son un híbrido de las Poinsettias, unas primas lejanas dijeramos, por lo que tienen algunas similitudes y bastantes diferencias. La diferencia más evidente: el color de sus brácteas, que van desde un blanco roto hasta el fucsia intenso, pasando por todas las gamas del rosa. Su porte también es más compacto y sus hojas y brácteas algo más pequeñas. La otra diferencia fundamental es que es mucho más resistente y fácil de cuidar que la Poinsettia.

Sus cuidados son similares a los de la Poinsettia: puede vivir en el interior o en el exterior en climas templados, siempre que la protejamos de las bajas temperaturas nocturnas.  Lo ideal en esta época es tenerla en casa, pero alejada de calefacciones y de ambientes demasiado caldeados y secos, así como de las corrientes de aire. Su temperatura ideal es entre 20-24º durante el día y entre 16-12º por la noche.  Necesita mucha luz, pero sin sol directo. Si vemos que pierde sus hojas inferiores puede ser a menudo por falta de luz o exceso de calefacción.

El riego debe ser moderado, ya que no soporta el encharcamiento. No debemos dejar nunca un plato con agua debajo, ya que empezaran a pudrirse sus raices, y entonces es difícil de recuperar. Regarla una o dos veces  a la semana con poca agua es suficiente.